José Enrique Colibrí

José Enrique Colibrí

Creador de El Camino de la Voz y La Casa del Colibrí

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Experimento con para re-encontrar las potencialidades del niño interior

Desde muy pequeño la voz fue la forma que tuve de relacionarme, pero no desde una perspectiva mental a través de las palabras, sino a través de una experiencia de resonancia exenta de cualquier mensaje que la mente pueda entender. Recuerdo que mi madre me decía que antes de hablar, cantaba. Yo podía realizar sonidos con con cierta armonía, con cierta estructura, y que de alguna forma venían determinados por una escucha: durante el periodo de gestación y de mi infancia, mi madre escuchaba mucha música de la época y música clásica, y yo siento que tal vez eso se adherió a mis células y creó en mi esa facilidad de armonizar a través del sonido que realizaba cuando era bebé.

Este fue mi don y desde muy pequeño lo encauce a través del estudio de la música, del piano, del violín y, llegado un momento, eso me llevó a utilizar la voz como herramienta profesional. Me convertí en cantante de ópera después de haber estudiado la licenciatura de Arte Dramático y eso, muy pronto, me acercó también al mundo teatral y al mundo escénico.

Sí que es cierto que pude tener una cierta comodidad en la vida pero, por otro lado, la voz tiene un potencial tan grande que el ego se puede esconder detrás de ella. Llegó un momento en que dicho potencial se convirtió en una sombra que me impedía adentrarme en quién yo realmente era al margen de ese cantante lírico que había creado.

Eso me llevo a viajar por el mundo, a conocer a un gran terapeuta: Rubén Miró, al que puedo llamar mi acompañante o terapeuta gestaltico, que durante mucho tiempo estuvo trabajando a través del psicoanálisis, y a probar, tal vez de una forma desesperada, casi como un turista espiritual, otro tipo de terapias, ya que el vacío que sentía nivel interno era muy grande.

Pude formarme en constelaciones familiares, en PNL, en técnicas hipnóticas y al mismo tiempo trabajar el cuerpo desde el Yoga Ancestral, el Tai Chi, el Kung Fu, el Tao Yin… Del mismo modo también le di importancia a la danza, formándome en Biodanza, y a partir de aquí, vinieron los viajes viajes.

Más que viajes turísticos eran para reencontrarme. Nunca imaginé que con 25 años pudiera viajar a lugares de civilizaciones tan importantes como puedan ser Egipto, India, Perú, Bolivia, México, Cuba, Marruecos y otros tantos que durante casi 4 años fueron mi billete para adentrarme en esas culturas tan mágicas y tan llenas de energía ancestral. Con el tiempo, me di cuenta de que el mero hecho de encontrarme en esos lugares hacía que mi energía reconectase con memorias antiguas y con otras vidas en donde tal vez mi alma reencarnó.

De esta forma a través de la voz y de un camino de búsqueda, puedo reconocer que el viaje y la búsqueda están dentro. Tal vez ahora soy consciente de que todo aquello que ocurrió, todas las puertas a las que llamé: terapeutas, chamanes, viajes… me llevaron a morir, a vivir distintas noches oscuras del alma y a través de esa vulnerabilidad acercarme a algo más auténtico, algo más cercano hacia lo que realmente soy y a acuñar este espacio como La Casa del Colibrí.

El colibrí es un animal totémico que nos lleva a la alegría, a la comunicación, al intercambio a través de su vuelo que va trayendo el néctar de un sitio a otro y polinizando ¡y eso es La Casa del Colibrí!

A través de El Camino de la Voz lo que quiero es que podamos “ser”, “sentir” y “recordar” el futuro.

Ya conoces un poco de mi historia, ahora tú ¿me cuentas la tuya?

Desde muy pequeño la voz fue la forma que tuve de relacionarme, pero no desde una perspectiva mental a través de las palabras, sino a través de una experiencia de resonancia exenta de cualquier mensaje que la mente pueda entender. Recuerdo que mi madre me decía que antes de hablar, cantaba. Yo podía realizar sonidos con con cierta armonía, con cierta estructura, y que de alguna forma venían determinados por una escucha: durante el periodo de gestación y de mi infancia, mi madre escuchaba mucha música de la época y música clásica, y yo siento que tal vez eso se adherió a mis células y creó en mi esa facilidad de armonizar a través del sonido que realizaba cuando era bebé.

Este fue mi don y desde muy pequeño lo encauce a través del estudio de la música, del piano, del violín y, llegado un momento, eso me llevó a utilizar la voz como herramienta profesional. Me convertí en cantante de ópera después de haber estudiado la licenciatura de Arte Dramático y eso, muy pronto, me acercó también al mundo teatral y al mundo escénico.

Sí que es cierto que pude tener una cierta comodidad en la vida pero, por otro lado, la voz tiene un potencial tan grande que el ego se puede esconder detrás de ella. Llegó un momento en que dicho potencial se convirtió en una sombra que me impedía adentrarme en quién yo realmente era al margen de ese cantante lírico que había creado.

Eso me llevo a viajar por el mundo, a conocer a un gran terapeuta: Rubén Miró, al que puedo llamar mi acompañante o terapeuta gestaltico, que durante mucho tiempo estuvo trabajando a través del psicoanálisis, y a probar, tal vez de una forma desesperada, casi como un turista espiritual, otro tipo de terapias, ya que el vacío que sentía nivel interno era muy grande.

Pude formarme en constelaciones familiares, en PNL, en técnicas hipnóticas y al mismo tiempo trabajar el cuerpo desde el Yoga Ancestral, el Tai Chi, el Kung Fu, el Tao Yin… Del mismo modo también le di importancia a la danza, formándome en Biodanza, y a partir de aquí, vinieron los viajes viajes.

Más que viajes turísticos eran para reencontrarme. Nunca imaginé que con 25 años pudiera viajar a lugares de civilizaciones tan importantes como puedan ser Egipto, India, Perú, Bolivia, México, Cuba, Marruecos y otros tantos que durante casi 4 años fueron mi billete para adentrarme en esas culturas tan mágicas y tan llenas de energía ancestral. Con el tiempo, me di cuenta de que el mero hecho de encontrarme en esos lugares hacía que mi energía reconectase con memorias antiguas y con otras vidas en donde tal vez mi alma reencarnó.

De esta forma a través de la voz y de un camino de búsqueda, puedo reconocer que el viaje y la búsqueda están dentro. Tal vez ahora soy consciente de que todo aquello que ocurrió, todas las puertas a las que llamé: terapeutas, chamanes, viajes… me llevaron a morir, a vivir distintas noches oscuras del alma y a través de esa vulnerabilidad acercarme a algo más auténtico, algo más cercano hacia lo que realmente soy y a acuñar este espacio como La Casa del Colibrí.

El colibrí es un animal totémico que nos lleva a la alegría, a la comunicación, al intercambio a través de su vuelo que va trayendo el néctar de un sitio a otro y polinizando ¡y eso es La Casa del Colibrí!

A través de El Camino de la Voz lo que quiero es que podamos “ser”, “sentir” y “recordar” el futuro.

Ya conoces un poco de mi historia, ahora tú ¿me cuentas la tuya?